Reseña: Minky Momo in Tabidachi no Eki


Del puente a la estación 

Sinopsis

A menudo, se cuenta que las estaciones de tren no solo son un final y un comienzo para muchos, sino que también son un lugar para los objetos perdidos, y tristemente para los olvidados. En un día lluvioso, Minky Momo toma el tren hacia su destino final y termina conversando con un anciano que está tratando de reunirse con alguien muy importante para él. Tras descubrir que dejó su pasaporte en el tren, Momo se marcha para tratar de encontrarlo. En esta búsqueda, se encuentra con su yo paralelo y con una niña que necesita la ayuda de ambas porque desea solucionar el problema que la vincula con la estación.

Trama y Desarrollo

Al igual que su predecesora de 1993, este cortometraje en formato OVA apunta a horizontes más elevados en lo que respecta a la exploración de sus cuestiones temáticas. De partida, la película insiste en el papel de los sueños que siempre ha sido central en Minky Momo. Particularmente en el hecho de que debemos creer en que se cumplirán porque, en caso contrario, la felicidad es inalcanzable. Para ilustrar esta idea está la nueva aventura de Momo, que hará uso de una fórmula similar a la de Minky Momo in the Bridge Over Dreams (1993) aunque con un éxito menor.

En esta ocasión, la figura principal alrededor de la cual gira la narrativa no es la de un puente sino la de una estación de ferrocarril. En concreto, la estación central de un país del que se cuenta es el punto de partida y de llegada de los viajeros. Mientras que la anciana era la representación humana del puente, la escultura del león es el espíritu de la estación. Según la leyenda, el león con su rugido —simbolizado en un fuerte relámpago— anuncia el momento de la partida. Sin embargo, Momo —la protagonista de serie de los años 80— repara en que dicho momento no llega para ella. Una incongruencia con la leyenda. 

En realidad, su caso no es el único porque la estación, además de constituir un lugar de llegadas y despedidas, también es un almacén de objetos perdidos. Un espacio en el que algunos individuos y objetos se quedan ahí indefinidamente. El ejemplo más relevante es el de la hija del anciano que Momo —la actual— conoce en el tren y al que intenta devolver su pasaporte, que contiene una fotografía de su familia. Ella se había quedado esperando en la estación desde que era pequeña porque la madre, quien murió en un conflicto bélico, le dijo que su padre —que marchó a la guerra— volvería a por ella. Él les hizo esa promesa cuando se despidió. No obstante, la espera fue tan larga que la niña perdió la fe. El león de la estación nunca rugió para anunciarle su ida.


Con la llegada de Momo, esta esperanza fue, en parte, renovada porque habían oído sobre su capacidad  mágica para cumplir los sueños ajenos. Sin embargo, la pareja de pelirrosas la perdió hace tiempo. Ante este giro desafortunado, la niña toma la decisión de quitarse la vida. Si no puede cumplir su sueño prefiere morir. Pero ambas logran que recobre la fe y el león vuelve a rugir para que sean capaces de partir definitivamente. En términos audiovisuales, la obra está sembrada de momentos mágicos pero la parte final —a la que me estoy refiriendo— constituye el culmen de la obra. Emplea elementos como el encuadre o el color de forma distinta. Por ejemplo, la caída al vacío se presenta en rojo y negro, con un encuadre nadir y un efecto de sonido espantoso. Pero más alucinante es el momento en que el león ruge, representándolo con trazos similares a lápiz y en una secuencia dónde el animal emerge totalmente como si el ancla que lo sujetaba fuera retirada. 

En general, la obra sobresale por méritos propio pero no alcanza la excelencia de la anterior, quedándose unos pasos por detrás. Ambas utilizan piezas semejantes para edificar su historia. Características narrativas como la nostalgia y la introspección están presentes en una y otra. No obstante, la primera es un conjunto con mayor solidez narrativa y riqueza temática. Por un lado, la atmósfera melancólica y serena de la primera sumerge mucho más fácilmente al espectador en la película a diferencia de la reseñada. Aunque la segunda transmite un aura mágica gracias a sus secuencias de fantasía, la actitud caricaturesca y reiterativa —en su humor— de los villanos infantiliza el tono de la obra. Por otra parte, el mediometraje dibuja un retrato del puente más complejo que el de la estación. No cabe duda de que su condición de obra coral juega a favor debido a que los personajes participan en la misma medida para construir la imagen que tenemos sobre el puente. En cambio, el cortometraje se centra en la historia personal de esta huérfana, que implica ahondar en la parte negativa del lugar. Por ello no contribuye, en la misma medida, a enriquecer la figura de la estación. Sin embargo, esta vía nueva no logró un mejor resultado, siendo menos ingenioso y abundante desde un punto de vista temático. Ni tan siquiera consigue el mismo impacto emocional porque la protagonista es quien debe probar su creencia y no una desconocida, de la que sabemos menos. 

Calificación: 7


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