Reseña: Minky Momo in Yume ni Kakeru Hashi


El puente de los sueños

Sinopsis

Tras un tiempo indeterminado, Momo llega a un viejo puente donde por alguna razón espera a una persona, aunque no sabemos a quien ni tampoco por que lo espera. Mientras seguía con esta rutina conoce a un chico que también espera a alguien, pero a diferencia de Momo no cree en la leyenda del puente que afirma: “los que se conocen en este puente, siempre volverán a encontrarse aquí”. Para probarle que esta historia es verdad, Momo le promete volver a reunirse con él. Sin embargo, los días pasan y ambos no se vuelven a topar en este lugar. ¿Podrán reunirse una vez más?

Trama y Desarrollo

Para aquellos que no lo sepan Minky Momo fue una franquicia relevante durante los años 80 y 90. A diferencia de otros magical girl anteriores —exceptuando a Cutey Honey (1973-1974)—, su primera serie supuso una novedad en el género. Una de las novedades consistió en captar el interés de un grupo de hombres entre el público, lo cual implicaba que el público masculino podía sentirse atraído por los magical girl. Pero el anime también probó suerte con tramas episódicas y elementos argumentales nuevos que renovaron el género. Más adelante, Magical Angel Creamy Mami (1983-1984) y otras series tomarían para sí mismas algunas de estas claves. Más allá de las aportaciones al medio, la franquicia dispone de algunas producciones apreciables por sus cualidades artísticas. Entre ellas la más destacable es la OVA de 40 minutos dirigida por Kunihiko Yuyama en 1993.

El mediometraje tiene lugar tras el final de la segunda serie de televisión. Este hecho es importante porque Momo pierde su magia y sus mascotas no la acompañan, es decir, ahora no puede contar ni con la ayuda de su poder mágico ni con el consejo de sus compañeros para resolver los problemas. Pero en esta línea de cambios son más las diferencias respecto a la serie de televisión. Los aspectos infantiles y cómicos disminuyen y ceden su posición a la introspección, la melancolía y la reflexión. Aunque la película continúa siendo apta para todos los públicos, su narración calmada y centrada en pequeños acontecimientos —pero no irrelevantes— la convierte en un título no muy atractivo a los ojos de los infantes. Por el contrario, los adultos la apreciarán más por el énfasis en sus cuestiones temáticas y el análisis de los elementos y metáforas que construyen esta pequeña historia.

Como figura central de la narración está el puente. Aparece como un viejo puente que será reemplazado en el futuro. Obviando su representación humana posterior, en forma de anciana, la narradora recalca su importancia desde el primer minuto al decirnos que “un puente es la unión entre dos orillas separadas. Dos orillas que se encuentran, se alejan y se juntan de nuevo”. Es decir, el puente genera encuentros y separaciones entre personas porque afecta a los destinos de los que pasan sobre él. No por nada el puente se entiende como un símbolo de unión. Encuentros y despedidas son dos caras de la misma moneda, conllevando alegrías y penas. No obstante, aquí la figura del puente va más allá. Es una metáfora de la vida.

Para ilustrar estas palabras, la cinta presenta una serie de personajes anónimos cruzándolo día a día. Individuos y parejas de toda índole son representados en diversas situaciones: personas que se cruzan, pero nunca han intercambiado palabras (los ancianos y sus perros); gente que espera el regreso de alguien (la florista y el piloto); jóvenes que se conocen accidentalmente e inician una relación amorosa con sus más y sus menos (la modelo y el gafitas); otros corren día tras día, sin interactuar con nadie (atleta) y otros tantos esperan volver a reunirse con una persona de la que apenas saben nada (los niños y Momo). Ninguno de estos individuos ni sus relaciones se quedarán estáticas.

Sin embargo, el puente del mediometraje es más que un simple puente: “Cuenta la leyenda que este es el puente de los encuentros. Aquellos que se conocen en este puente, siempre podrán volver a encontrarse aquí”. Tristemente pocos creen esta vieja historia. De hecho, la falta de fe del niño obliga a Momo a hacerle una promesa: que se volverán a ver aquí otra vez. Hablamos, por tanto, del rol de los sueños y de cómo estos se cumplen creyendo en ellos. Una creencia idealista presente en Minky Momo. La propia protagonista encarna este ideal soñador y aunque ya no tenga poderes mágicos para resolver problemas ajenos sigue ayudando desinteresadamente a los demás. Si bien esta vez le mueve cierto interés romántico.

El largo periodo de espera no resulta fácil para nuestra heroína. Aunque la niña sonríe también exhibe sus dudas y cansancio. Momo observa cómo diferentes parejas se reencuentran a lo largo de los 365 días que aguarda allí, pero “su” chico no da señales de vida. Un año es tiempo más que suficiente para perder cualquier tipo de esperanza, más si solo le has visto una única vez. Esta situación no pasa inadvertida para un personaje: la mujer de la pamela. El pensamiento de la mujer está desligado del romanticismo anterior, ya que ella cree en la temporalidad de las relaciones —en base a su experiencia personal— y, por tanto, rechaza la leyenda del puente. En vez de esperar por alguien que no sabes si volverá o con el que tu relación será breve, lo mejor es que busques a alguien distinto. 

Este pensamiento lo ilustra usando como base la metáfora de la manzana. Aparte de consuelo, para cuando la invade la desilusión, también expresa que un amorío al igual que una manzana es dulce, pero ninguno dura para siempre. Sin embargo, la anciana —la representación humana del puente— mediante su magia recompensa la abnegación de Momo al hacer que todos se reúnan una vez más. Aunque el encuentro con el chico no resulta como lo esperaba —descubrimos que la niña de la bici era la persona por la que aguardaba— y le entristece, al igual que ocurre a veces en nuestras vidas, este milagro sirve para hacerle ver que hay mucha gente que también espera por nosotros y tiene muy en cuenta lo que hemos hecho por ellos. Gracias al puente, ella ha conocido mucha gente y mucha gente la ha conocido a ella.

Otra cuestión importante sobre el puente está relacionada con el paso del tiempo y las vivencias que allí se amontonan. Desde el inicio —señalado por la cometa que se engancha a la farola— del filme observamos que el puente es un lugar donde se acumulan diversas experiencias e interacciones gracias a las personas que lo utilizan cada día. Desde actividades ordinarias como ir a comprar el pan o correr diariamente hasta la  celebración de actos señalados como un desfile militar. A medida que pasan los meses y los años se va formando una tradición, haciendo del puente un lugar especial lleno de recuerdos. Este hecho, al igual que ocurre con el hogar en que uno se cría —aunque más ligado al ámbito familiar—, provoca que sea capaz de trascender el ámbito físico y colocarse en el plano emotivo y sentimental. 

A pesar de esta peculiaridad, el puente sigue estando sujeto al ciclo de la vida y eso implica que en algún momento llegará su fin. Al igual que la cometa, este hecho se anticipa desde el principio, en el momento en que observamos a unos operarios construir uno nuevo, mucho más moderno. Poco a poco, se va construyendo hasta que llegados el final de la película se decide sustituir al viejo por el nuevo. En cierto sentido, parece dar la idea de que los cambios llegan sin avisar, a pesar de que están ahí gestándose. Sin embargo, no debemos lamentarnos con el reemplazo porque a través de otra cometa, sujeta accidentalmente, se ofrece el mensaje de que esta estructura nueva tendrá las mismas tradiciones que el anterior, reiniciándose el ciclo.

Como últimas palabras, me gustaría señalar que el haber encontrado este trabajo fue una sorpresa. La sutileza de la narración y la interrelación de todos sus elementos son rasgos poco frecuentes en este tipo de magical girl. Desde un punto de vista audiovisual, la mayoría de OVAs tienden a estar varios pasos por delante de la serie animada, pero no puedo dejar de alabar el trabajo realizado. En  particular, resaltaría lo musical. Sus melodías sosegadas y melancólicas no solo concordaban con lo que esperaría sino que tienen una fuerza emotiva y belleza difícil de explicar. Hasta mi cerebro las tiene perfectamente registradas. Sin duda, Minky Momo in the Bridge Over Dreams (1993) es una joya excepcional que merece ir saliendo de la caja polvorienta en que estaba guardada.

Calificación: 8

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