Reseña: Kamui no Ken


Búsqueda y venganza

Sinopsis

En la víspera de la famosa restauración Meiji, mientras un Japón adormecido despierta y mira hacia el oeste, un tabernero halla a un bebé llamado Jiro en un barco a la deriva. En su compañía también encuentra un brillante cuchillo: la Daga de Kamui. Cuando Jiro cumple 13 años, su familia adoptiva,  formada por su madre y hermana mayor, es asesinada por un misterioso ninja. No obstante, Jiro es acusado por el asesinato. En su huída, Tenkai, un sacerdote, lo salva y lo entrena en las artes ninja. En busca de venganza por la muerte de su familia adoptiva, Jiro mata finalmente al ninja de un solo brazo (Tarouza) que, de acuerdo con el monje, fue el culpable.

Años más tarde, una vez completado su entrenamiento, Jiro encuentra a su verdadera madre, quien le cuenta que Tenkai había encomendado a su padre la misión de hallar el tesoro del famoso capitán Kidd. El Shogunato, aliado con Tenkai y sus hombres, quiere recuperar el tesoro para aislar una vez más a Japón del resto del mundo. Su padre era el mismo hombre que mató: Tarouza. Él se enamoró de una mujer ainu, abandonó la búsqueda y tuvo un hijo. Tenkai se vengó en respuesta usando a su hijo, pero no encontró el mapa del tesoro de Tarouza. Utilizando las pistas que Tarouza mantuvo en  en secreto, Jiro, junto con la ninja Oyuki y un esclavo llamado Sam, viaja a Rusia y Estados Unidos para buscar el tesoro con la esperanza de emplearlo para vengarse de Tenkai.

Trama y Desarrollo

Muchos recordarán que Madhouse empezó su andadura con Ace wo Nerae! (1973-1974), pero el estudio no ganó verdadera entidad frente a sus competidores hasta bien entrados los años 80. Uno de los grandes factores que explican este ascenso fueron las adaptaciones cinematográficas dirigidas por una nueva camada de profesionales: Mori Masaki, Yoshiaki Kawajiri y Rintaro. De este grupo Rintaro ya había dirigido títulos importantes en televisión como Capitán Harlock (1978-1979). Sin embargo, su actividad en la época dorada del anime se centró en el mundo cinematográfico. Uno de sus grandes éxitos comerciales fue Genma Taisen (1983), pero en esta ocasión nos centraremos en Kamui no Ken (1985). 

Esta película de 2 horas es una adaptación de una serie de novelas con el mismo nombre realizadas por el escritor Tetsu Yano. Una primera mirada a Kamui no Ken nos informa que la película forma parte del tsunami de animación adulta que inundó Japón en la segunda mitad de los 80. No solo por la violencia más explícita sino por las nuevas técnicas de animación. Lo que le aleja, sin embargo, de la mayoría de cortometrajes y largometrajes de la misma época es que alberga mayores ambiciones narrativas. Ambición que, por desgracia, no alcanza a materializarse plenamente en la forma de una excelente cinta de animación. Un resultado no tan desafortunado como el ocurrido en Mori Toki no Tabibito: Time Stranger (1986), de Mori Masaki, pero merece la pena comentarlo poco a poco.

Narrativamente, Kamui no Ken apuesta por una de las tramas maestras más repetidas: la búsqueda. En concreto, hablamos de la búsqueda de un tesoro que Jin, el protagonista, procura para detener los ambiciosos planes de Tenkai y sus aliados. Su aventura le lleva a embarcarse en un extenso viaje por Japón y América del Norte, cruzando y visitando áreas costeras, mares, bosques, montañas y muchos otros lugares. Poco a poco, Jin va reuniendo las pistas necesarias para encontrar el tesoro gracias a la herencia paterna y la ayuda de los numerosos aliados que va reuniendo a lo largo de su viaje. Todo ello, mientras por el camino, es atacado de forma constante y sorpresiva por los ninjas sobrehumanos del monje Tenkai, que les siguen la pista desde muy cerca.


A pesar de que el periplo podría ser maravilloso, expone grandes inconvenientes. En general, todos los problemas derivan de una adaptación que compacta un número excesivo de eventos (como las excesivas batallas) e incorpora demasiados personajes. Como resultado, la narración es incapaz de pararse en ellos el tiempo que necesita para abordarlos mínimamente. La sensación del espectador es que Rintaro trató de abarcar más de lo que podía, dando lugar a una situación que encaja bien en el refrán: “Quien mucho abarca poco aprieta”. No obstante, aunque hablo del problema de los personajes como una consecuencia de la adaptación, la realidad es que los personajes de Rintaro —independientemente de cual sea su película— acostumbran ser individuos vacíos con la profundidad de un charco. Jin llega, los salva y ellos colaboran en su misión como agradecimiento. Fin. El público difícilmente puede engendrar lazos emocionales o interés genuino con un grupo de herramientas al servicio del héroe. Y tanto de lo mismo con los antagonistas, con la excepción de Tenkai.

Un aspecto que merece la pena señalar es la cuestión familiar, aunque desde una óptica dolorosa porque Jiro siempre termina como un parricida debido al engaño perpetrado por Tenkai. Así, este es acusado falsamente de matar a su madre y hermana adoptivas, para luego ser engañado por este monje para matar al supuesto asesino quien resulta ser su padre biológico Tarouza. Tristemente, no pasa mucho tiempo hasta que la madre biológica de Jiro es asesinada por el enemigo y Jiro vuelve a ser acusado de asesino por los habitantes de Kotan. Sin embargo, el doble patrón se repite una vez más cuando Jiro es obligado a pelear contra su hermana, desconociendo ambos sus respectivas identidades por obra del insensible agente del Shogunato. Ella morirá, pero al menos esta vez Jiro no acaba como el culpable del asunto.

Esta travesía, sin embargo, alcanza las dimensiones de una verdadera epopeya porque el relato no solo se enmarca en los acontecimientos de la Restauración Meiji sino que las acciones de Jin tienen un papel decisivo en el devenir de un Japón que se debate entre la posición aislacionista del shōgun y la postura aperturista de la alianza Satsuma-Chōshū. De hecho, los últimos compases de este filme narran los enfrentamientos entre ambas fuerzas en el campo de batalla con Jin y Tenkai jugando sus cartas en esta guerra donde se juegan el destino de Japón. Es decir, lo que superficialmente parecía una simple búsqueda del tesoro en realidad es una narración de corte épico donde los ninjas son los protagonistas.

Al igual que en otros filmes ubicados en esta época, Kamui no Ken también aboga por la posición aperturista. El director presenta, por una parte, al Japón aislacionista como representante de valores negativos como corrupción, xenofobia y discriminación étnica; y por otro lado, al Japón aperturista como representante de una visión más abierta y tolerante con lo diferente. Tristemente, este mensaje carece de una construcción apropiada al punto en que la búsqueda del tesoro y la venganza contra Tenkai opacan dicha cuestión temática. De hecho, el nexo entre el argumento principal y la cuestión temática es muy débil. 

Rintaro edifica puentes por medio de un protagonista de etnia ainu apoyado por unos individuos que pertenecen a otras razas (Sam), etnias (Julie) y posturas progresistas (Mark Twain). Asocia Japón y el extranjero a través del tesoro de William Kidd y hace un paralelismo entre la situación ainu y la de los indios norteamericanos. Peca como en Genma Taisen de estereotipos pero resulta casi inevitable en la ficción japonesa de los 80. Por desgracia, faltan cuestiones elementales para construir el mensaje. ¿Dónde se halla la corrupción contra la que clama Shouza? La narración no expone a través de acciones y acontecimientos diversos los valores negativos que achaca a este régimen. Comprendemos que los ninjas de Tenkai son un instrumento del Shogunato, que no dudan en usar y matar (especialmente, a los ainu) para los terribles fines del mismo. Sin embargo... ¿nada más? ¿No intentan enriquecer la crítica con otro tipo de crímenes contra la población oprimida? Y otro cuestión... ¿por qué no vincular mejor estas posturas y el conjunto de valores e ideas unidos a ellas en torno a Tenkai y Jiro? La sensación es que Tenkai es un mero vasallo del shōgun cuyas acciones son instrumentales en favor de encontrar el tesoro y Jin un joven que busca las mismas riquezas pero no por una meta trascendental sino por negarle la satisfacción a esta mente maestra.

Una de las mayores peculiaridades de la película —y que contribuye hacia su percepción como una epopeya— se halla en el plano audiovisual. Desde Genma Taisen, Rintaro se ha hecho célebre por una dirección fantástica donde la luz y el color poseen un papel fundamental a la hora de cautivar al espectador. Aquí ambos elementos colaboran para producir luminosos hilos de sangre y bellos tajos azules que impactan sobre los cuerpos de ninjas caídos. La imaginería visual de Rintaro no solo se hace patente en las batallas, destacando las protagonizadas por el trío de Matsumae y Tenkai, sino en instancias dramáticas, como el abandono del bebé o la pesadilla de Jiro. Los poderes ilusorios y sobrenaturales de los ninjas hacen que las imágenes alternen entre lo psicodélico y lo surrealista con cientos de pétalos que inundan la pantalla y espectáculos mágicos que quitan el hipo. Pero Rintaro no se conforma con lo visual, ya que ataca en el ámbito sonoro a través de una mezcla de melodías que combinan el rock ochentero con instrumentos y voces tradicionales japonesas.

En conclusión, Kamui no Ken es una obra épica cuyos anhelos apuntaban hacia lo más alto gracias a una propuesta ambiciosa tanto en lo narrativo como en lo audiovisual. Inesperadamente, el periplo de Jin se vio parcialmente truncado ante una adaptación imperfecta que acumula numerosos eventos y caracteres y no cementa apropiadamente sus bases temáticas. A pesar de ello, seguimos teniendo un arranque muy sólido con una travesía que aún contiene bastantes momentos y giros interesantes. Todo ello potenciado gracias a la puesta en escena de un director que se ha ganado su nombre por sus visibles cualidades en la pantalla grande.

Calificación: 7

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