Adaptaciones animadas: Cenicienta

Introducción

No pensé que volvería a escribir otra entrada sobre adaptaciones de títulos literarios, a excepción de La sirenita, pero de repente empecé a visionar distintas versiones de La Cenicienta y para no echar a perder mis frágiles memorias me veo en la obligación de elaborar una entrada sobre ello. Aquí, por cierto, no voy a tener en cuenta series de televisión porque sino la labor se volvería más compleja. Sé de la existencia del episodio contenido en Manga Sekai Mukashi Banashi (1976-79), que dura algo más de 10 minutos; y La Cenicienta (1996), serie italojaponesa de 26 episodios producida por Tatsunoko Production y Mondo TV. No obstante, la base de datos Letterboxd no es precisa con las series de TV, por lo cual tengo que renunciar a este ámbito.


¿Y qué hay de La Cenicienta? Pues probablemente es uno de los cuentos de hadas más famosos de la historia, exhibiendo alrededor de decenas de versiones diferentes a lo largo de los siglos. La primera versión fue escrita y publicada por Giambattista Basile: La Gatta Cenerentola (1634). No obstante, las versiones más conocidas pertenecen al francés Charles Perrault, Cendrillon ou La petite pantoufle de verre (1697); y a los hermanos Grimm, publicada en el famoso libro Kinder- und Hausmärchen (1812). Ambas interpretaciones de este cuento son fundamentales porque guían la práctica totalidad de las adaptaciones animadas producidas a lo largo del siglo XX. En particular, el pasado siglo vio surgir aproximadamente trece adaptaciones distribuidas de forma irregular a lo largo del tiempo. Su calidad es igualmente desigual, aunque su procedencia apunta casi siempre a Norteamérica. Veamos qué podemos decir de todas ellas.

Cortometrajes norteamericanos


La Edad de Oro de la animación estadounidense, que empezó en 1928 con el surgimiento del cine sonoro, constituyó una época ideal para la adaptación de fábulas y cuentos de hadas como Blancanieves, Los tres cerditos, Caperucita roja, entre otros. El formato dominante en el ámbito comercial era el cortometraje, con películas cuya duración no excedía los 15 minutos y frecuentemente se situaba entre los 7 y 8 minutos. Por esa razón, los estudios de animación como Walt Disney Productions, Metro-Goldwyn-Mayer, Warner Bros Pictures o Fleischer Studios buscaban relatos cortos que trasladar a la pantalla grande. Sus adaptaciones, sin embargo, podían ser muy poco respetuosas con las versiones literarias al transformar el cuento de hadas en una comedia repleta de gags, números musicales y anacronismos protagonizada por el personaje popular de turno como Oswald, el conejo afortunado; o Félix, el gato. 

La Cenicienta fue obviamente uno de los elegidos con frecuencia por su popularidad y su brevedad, pero el resultado más allá de incorporar los personajes (la Madrastra, el Hada Madrina, el Príncipe, etc.) y los puntos clave (el maltrato a Cenicienta, la celebración del baile, el amor a primera vista con el príncipe, etc.) no se aproximaba demasiado a la esencia del cuento sino al típico vodevil. Un primer ejemplo es Cinderella Blues (1931), un cortometraje de 8 minutos producido por Van Beuren Studios. Aquí el personaje de Cenicienta es interpretado por el gato Félix, la estrella del estudio. En general, la adaptación es muy pobre en términos de contenido, omitiendo la presencia de las hermanastras o el decreto real por el cual se busca a la poseedora del zapato de cristal. Su orientación es cómica, dando mayor atención a los gags del baile o el cortejo del lascivo príncipe en el bosque. Por desgracia, su animación está bastante por debajo de lo que podían hacer Disney o Fleischer, por lo que es el cortometraje menos recomendable de la lista.

El próximo título es Poor Cinderella (1934), cortometraje de 11 minutos producido por Fleischer Studios con la presencia estelar de Betty Boop. El compromiso de Dave Fleischer pasa por una adaptación que otorga especial importancia a la música, con los personajes cantando sus propias canciones. Aquí la animación es muy notable, llamando la atención por el inagotable movimiento de los personajes y la aparición del color gracias al uso de Cinecolor. Los fondos son impresionantes, diseñados con gran lujo. El filme sigue razonablemente bien al relato original en sus eventos, aunque el tono dramático es sustituido por uno más jovial con ocasionales gags como el Cupido que golpea al príncipe con el martillo en lugar de una flecha para expresar su amor a primera vista. Los diseños de personaje, caricaturescos como siempre, refuerzan este afán de entretener al espectador. En general, los Fleischer no aportan nada nuevo, pero entregan una versión entretenida del cuento europeo.

La tercera adaptación responde al nombre de A Coach for Cinderella (1936), un cortometraje próximo a los 10 minutos dirigido por Max Fleischer para el productor Jaminson Handy con el fin de servir como un anuncio para la marca de automóviles Chevrolet. El propósito comercial sinceramente condiciona mucho la adaptación, ignorando casi todo el relato para centrarse en el proceso de fabricación del automóvil (y, en menor medida, el vestido) que llevará a Cenicienta al baile. El proceso de creación es lo suficientemente divertido e ingenioso como para justificar su existencia, si bien no aporta nada a la interpretación de la historia. De cualquier forma, muchos de los cortometrajes de Disney como Funny Little Bunnies (1934), con los Conejos de Pascua, lograron hacer un proceso de elaboración más dinámico y entretenido, por lo que tampoco sobresale entre sus pares.

La autoría de los cortometrajes siguientes es de Tex Avery, conocido por la adaptación de Caperucita Roja, pero no fue la única. Como punto de partida, está Cinderella Meets Fella (1938), un corto de 8 minutos incluido en la serie Merry Melodies de Warner Bros. Aquí la novedad consiste en una parodia muy ocurrente de La Cenicienta, donde los propios personajes están conscientes de lo que va a ocurrir. Por esa razón, esta pequeña Cenicienta sabe que su hada madrina debería estar ahí para darle un vestido y un carruaje. O, por ejemplo, que el pájaro del reloj intente detener en vano la aguja al saber qué ocurrirá cuando llegue la hora señalada. Su humor es notablemente absurdo, con gags ingeniosos por doquier que forman parte del sello Avery. A propósito, aquí aparece Elmer Gruñón, personaje cuya caracterización aún no era consistente.

Años más tarde, el director regresó con Swing Shift Cinderella (1945), un corto de 8 minutos producido por Metro-Goldwyn-Mayer. Se trata de la primera secuela del trabajo más reconocido de Tex Avery: Red Hot Riding Hood (1943). La trama básicamente es una variación de la misma fórmula, la cual consistía en dejar el relato de Caperucita Roja para contar una historia original donde Caperucita es una bailarina de un club nocturno que es acosada por el Lobo Feroz, un tipo trajeado que encuentra irresistible a la joven. Sin embargo, la Abuelita persigue a su vez al Lobo Feroz, que intenta seducirlo a toda costa aunque para ello deba encadenarlo. Aquí la dinámica es prácticamente la misma, por lo que los únicos personajes son la joven Cenicienta, el príncipe y el hada madrina. La mayor parte de la acción tiene lugar en el “castillo”, que no es más que el club nocturno de la anterior vez, con Cenicienta bailando sensualmente y coqueteando sin que el lobo pueda evitar las reacciones de castigo del hada madrina. Si bien inferior al original por repetir la misma idea, la obra está repleta de humor visual y sonoro donde sobresale la capacidad para deformar los personajes de Tex Avery y la interacción de los personajes en sus intentos por salirse con la suya.


Un último cortometraje, mucho más posterior a los anteriores, es The Tender Tale of Cinderella Penguin (1981). Esta película canadiense de 10 minutos, dirigida por Janet Perlman, tiene como principal reclamo la sustitución de los personajes humanos por pingüinos. Su creadora es conocida por haber hecho varios cortometrajes y libros ilustrados teniendo como protagonistas a estos monos animales. Desgraciadamente, la idea es superficial, teniendo además limitaciones en términos de expresividad e individualización en relación a los personajes. Sin embargo, algunas ideas que aporta son una ambientación próxima a la Baja Edad Media en el vestuario y las piezas musicales de época. Su humor, por cierto, le orienta a convertir el baile del castillo en una fiesta de disfraces donde el príncipe y Cenicienta bailan un tango. Hasta convierte el zapato de cristal en una... ¡aleta de cristal! En términos de contenido, Perlman traslada, sin mucho detenimiento o nuevas ideas, los mismos puntos básicos y las mismas relaciones de los personajes del cuento.

Como remate, me gustaría mencionar brevemente el largometraje de Walt Disney: La Cenicienta (1950). Sin lugar a dudas una cinta del tito Disney merece un análisis exhaustivo, pero dicha pretensión amerita una entrada a mayores, por lo que me voy a limitar a recomendaros que os paséis por el blog de Claqueta de Bitácora, ya que presenta una crítica muy completa donde aborda casi todos los aspectos que rodean a la película. Desde los orígenes del proyecto, con la decisión de Walt Disney de regresar a los tiempos en que Blancanieves y los siete enanitos (1937) le llevó a la cima del éxito crítico y comercial; hasta los recursos visuales y narrativos empleados en el filme, destacando el carácter dramático y los momentos icónicos que lo hacen tan memorable. Por otro lado, un servidor recomienda adquirir el libro Los archivos de Walt Disney, una obra de divulgación que contiene mucha información para comprender mejor cada filme de Disney en la etapa comprendida entre 1921 y 1968.

Cortometrajes europeos

El cine de animación europeo no fue muy excepcional en la elaboración de largometrajes comerciales, con la mayoría de películas siendo débiles réplicas de las producciones disneyanas. Un ejemplo recientemente conocido por su restauración es Érase una vez... (1950), largometraje español impulsado por el fundador de Estudios Chamartín: Josep Baguñá. Las figuras principales del proyecto fueron los codirectores Josep Escobar, quien aportó en el ámbito cómico a partir de su experiencia como historietista en Zipe y Zape; y Alexandre Ciri Pellicer, historiador del arte y crítico cultural que contribuyó a la ambientación renacentista del filme.


A pesar de los halagos vertidos en numerosos medios periodísticos, la película de Escobar y Pellicer no es ninguna obra maestra. Una valoración que no debería sorprendernos porque este proyecto inspirado en la animación estadounidense se encuentra muy limitado desde el punto de vista técnico. Así, más allá de unas breves ráfagas de genialidad expresadas en secuencias de animación como la lucha fantasmal del italiano o el número musical de los caballos locos, la cinta se topa con múltiples obstáculos. Algunos de ellos son el uso de bucles de animación, la limitada expresividad en el movimiento, los problemas de sincronización de las voces o la escasez de profundidad que abunda en muchos de sus planos. Por supuesto, los fondos son una auténtica fantasía de cuentos de hadas gracias a su inspiración renacentista y la riqueza de elementos, destacando sobre todo el castillo del principe. En términos narrativos, el largometraje cumple al trasladar la serie de acontecimientos y personajes contenidos en el relato escrito por Charles Perrault. Sin embargo, la narración deja en un segundo plano el conflicto de Cenicienta, prefiriendo recrearse en las anécdotas que protagonizan los personajes secundarios. Desde una perspectiva histórica, tal vez resulta más interesante la influencia de la moral católica porque hay abundante representación del mundo cristiano como los ritos de la Iglesia o el uso de una cofia (idéntica al de las monjas) por parte del hada madrina.

Afortunadamente, la producción de cortometrajes tuvo una mayor oportunidad de brillar por mérito propio debido a las mayores libertades creativas. Los cuentos de hadas no constituyeron la primera elección para muchos creadores europeos, sobre todo a partir del camino abierto por UPA y sus seguidores en los años 50. Con todo, algunos creadores se interesaron por orientar su trabajo hacia un público infantil. Aquí entra Lotte Reiniger, cineasta alemana que sobresalió entre sus contemporáneos por la técnica de la animación con siluetas. La artista dio vida a dos adaptaciones del cuento: Aschenputtel (1922) y Cinderella (1954), ambas realizadas con la técnica mencionada.


Por un lado, la primera versión de 13 minutos narrativamente se aproxima mucho más a la versión alemana que todas las anteriores, incluyendo aquí el episodio del plato de lentejas y el corte del pie para encajar el zapato de cristal. Y, al igual que otras obras de Reiniger, el cortometraje es muy atrevido formalmente por recursos como la alteración libre del contorno fílmico y el uso de intertítulos (con una prosa literaria) que se van completando mientras los leemos. Las figuras aún no son tan complejas, pero la de Cenicienta cuando lleva el vestido nuevo resulta especialmente asombrosa. Además, hay algunas secuencias de animación que demuestran el genio de Reiniger, como aquella donde numerosos pájaros ayudan a recoger las lentejas. De otro lado, la segunda versión de 11 minutos desecha el cuento de los hermanos Grimm y omite la presencia de la madrastra para darle más importancia a sus malvadas hermanas. Aquí la técnica de la animadora ha mejorado sustancialmente, manejando figuras minuciosas que se mueven de forma mucho más realista. Los fondos son menos esquemáticos, mostrando con mayor exactitud los edificios y los objetos que se hallan en cada escenario. A pesar de esta mejora técnica, los espectadores probablemente prefieran la primera por narrar otra versión del cuento expresada con mayor creatividad.

Una última interpretación nos la aporta el estudio soviético Soyuzmultfilm: Cenicienta (1979), dirigida por Ivan Aksenchuk. El filme de 18 minutos destaca fundamentalmente por su dirección artística, manifestada en los diseños de personaje, de formas redondeadas y curvas con una apariencia muy mona; y los fondos, propios de la fastuosa tradición rusa donde cada objeto posee sus propias texturas, colores y brillos. Un ejemplo de este trabajo tan elaborado es el espejo del hogar de Cenicienta, que replica hasta las rayaduras causadas por el desgaste; o el mármol que cubre los suelos del palacio, destacando su carácter decorativo gracias a la representación de las vetas. Otra cuestión son los personajes, donde encontramos presente al padre de Cenicienta. Él es descrito como un hombre manipulable que obedece a su malvada esposa. Aquí el retrato de Cenicienta no se aleja mucho de lo habitual, aunque eligen establecer un nexo con su fallecida madre. Un hecho que conecta mejor con la aparición del hada madrina. Su bondad es una virtud sobre la que llaman la atención, prestando su ayuda a los diferentes individuos que se encuentra en palacio antes de entrar en contacto con el príncipe.

Largometrajes de 1990

A partir de aquí preparaos que vienen curvas o, mejor dicho, la absoluta nada. Los largometrajes de esta década, con excepción de la película realizada por Tatsunoko Production para la serie La Cenicienta, son un enorme desastre patrocinado por dos países anglosajones: Estados Unidos y Australia. El renacimiento de la animación estadounidense dio nacimiento a varios estudios de animación que vieron en la adaptación de clásicos literarios un filón de dólares. La cuestión es que, aprovechando el éxito comercial de los títulos de Walt Disney (La bella y la bestia, 1991; El rey león, 1994), estudios como Dingo Pictures, Bevanfield Films o Goodtimes Entertainment sacaban casi al mismo tiempo películas en formato VHS que adaptaban la misma obra literaria. Por ejemplo, Aladdin (1992) fue seguido por otras tres versiones en los próximos dos años a su estreno. ¿Cuál era la intención? Pues intentar colarle a los padres despistados la versión cutre del largometraje que en realidad querían comprar.


La Cenicienta no tuvo una nueva adaptación en la década de 1990, pero formó parte de este catálogo de  adaptaciones literarias. El primer ejemplo es Cinderella (1994), producida por Goodtimes Entertainment y dirigida por Toshiyuki Hiruma. Esta compañía norteamericana era claramente superior a sus rivales, ya que sus películas cumplen unos estándares mínimos de calidad audiovisual. Dingo Pictures y Bevanfield Films ni eran capaces de realizar una animación funcional. No obstante, el demérito de sus competidores tampoco es un pretexto para negar lo obvio: estamos ante un producto mediocre. El filme carece de secuencias de animación técnicamente notables, ni siquiera aquellas relacionadas con la transformación de la calabaza y los animales. Los diseños de personaje son más aceptables, resaltando esta Cenicienta de cabello moreno y flor en el pelo. Sin embargo, algunos diseños como el que compete a la madrastra son horribles, ya que da la impresión de ser la novia de Frankenstein. Desde una visión narrativa, la adaptación también sigue al original de Perrault aunque añade el pasaje alemán de las lentejas (aquí habichuelas). La caracterización de los personajes también es suficiente nutrida. Véase, por ejemplo, que las hermanas tienden a discutir entre ellas. O que el príncipe muestre su rechazo al matrimonio concertado por una cuestión de amor. Con todo, el filme no aprovecha sus 45 minutos para traer alguna lectura nueva al original, por lo que queda obsoleta frente al clásico de Disney producido 45 años antes.

Por último, Burbank Animation Studios plasmó una vez más el relato de Perrault en Cinderella (1996). A diferencia de sus competidores, los australianos ya realizaban adaptaciones literarias antes del renacimiento de la animación estadounidense. Sin embargo, la calidad de sus adaptaciones era mediocre, empeorando en la última década del siglo XX. Aquí no solo no existen secuencias de animación interesantes sino que la calidad es inferior a los trabajos de Goodtimes Entertainment. Su animación es muy monótona, abusando de los planos medios y utilizando algunos bucles de animación. Los diseños de personaje son tan genéricos que ni Cenicienta destaca entre la multitud, aunque por lo menos parece de origen noble a diferencia de las hermanastras. El desarrollo argumental es lo mismo de siempre, aunque más reiterativo en las maldades de la madrastra y sus hijas. La caracterización de Cenicienta se puede apreciar un poco más en las instancias donde hace amistad con el perro o los sueños en que está agobiada por las tareas. Por desgracia, Burbank no tiene vergüenza y decide imitar varios recursos utilizados en el clásico de Disney como el vestido hecho por los pájaros o la presencia del cruel gato a las órdenes de la madrastra. Sin lugar a dudas, esta versión es inferior incluso a Cinderella Blues, por lo que recomiendo alejarse de ella.

Conclusión

La Cenicienta es un cuento de hadas que ha tenido la fortuna de recibir multitud de adaptaciones, siendo la versión de Charles Perrault la preferida por los estudios de animación ante la crudeza exhibida por la de los hermanos Grimm. La mayoría del público, sin embargo, nunca ha oído hablar de ninguna otra animada que no sea La Cenicienta de Walt Disney. Otros pocos conocerán también las versiones de 1990, porque fueron emitidas en diferentes canales de televisión; y los más mayores, es posible que hayan visto las realizadas por Tex Avery y los hermanos Fleischer. La interpretación de Soyuzmultfilm fue popular en la esfera soviética, pero prácticamente desconocida para los occidentales. Como remate, quería hacer mención a la versión nipona Harbor Light Monogatari: Fashion Lala yori (1988), la cual no pude incluir en el texto. Dicho esto, me gustaría realizar un pequeño ranking que coloca de mejor a peor las diferentes versiones:

1. Cinderella (1950)
2. Aschenputtel (1922)
3. La Cenicienta (1979)
4. Cinderella Meets Fella (1938)
5. Swing Shift Cinderella (1945)
6. Poor Cinderella (1934)
7. Cinderella (1954)
8. The Tender Tale of Cinderella Penguin (1981)
9. A Coach for Cinderella (1936)
10. Érase una vez... (1950)
11. Cinderella (1994)
13. Cinderella Blues (1931)
14. Cinderella (1996)

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