Reseña: Karin


Sinopsis

Los vampiros, seres sobrenaturales que se alimentan de los seres humanos durante la noche, han existido durante siglos. Entre ellos, se encuentra Karin Maaka, estudiante de secundaria. Sin embargo, ella resulta extraña hasta para los de su propia especie. A diferencia de su familia, desde que era una niña, Karin ha experimentado policitemia: un trastorno poco común que hace que produzcan periódicamente cantidades excesivas de sangre. Y cuanta más sangre produce mayor es su anemia y mareo, lo que en última instancia conduce a frecuentes hemorragias nasales.

La única solución consiste en transferir el exceso sanguíneo a un ser humano, con la curiosidad de que sus víctimas se vuelven más joviales y felices tras la mordedura. A pesar del inconveniente, Karin ha logrado esconder su secreto gracias al apoyo de su familia, que como vampiros poseen la capacidad de alterar los recuerdos humanos. Eso es, hasta que el recién transferido compañero de clase, Kenta Usui, se da cuenta de que el comportamiento de Karin es sospechoso. Para complicar aún más este asunto, Karin siente que su sangre reacciona de manera inusual a la presencia de Kenta. ¿Hay alguna posibilidad de que Karin sea feliz en esta situación?

Trama y Desarrollo

Redactar un escrito relativamente largo sobre el manga de Karin (2003-2008) y la adaptación a anime del mismo nombre —Karin (2005-2006)— implica reflexionar y escribir, por segunda vez, sobre esta obra a la cual dediqué parte de mi tiempo hace cinco años. En aquel entonces, mi opinión se limitaba únicamente a la serie animada. Del manga me retiré muy pronto, aunque ahora vuelvo para opinar de ambas. Sería una lástima dejar pasar esta oportunidad aún cuando la versión de J.C. Staff no está en el mismo escalón que el manga de Yuna Kagesaki. Sin compartir las convenciones estéticas del shōjo, el manga se aleja un poco narrativamente de las comedias románticas de categoría shōnen. Por lo tanto, merece que nos paremos un momento para juzgarla como es debido.

Como hemos mencionado, Karin es una comedia romántica cuyo conflicto está en el encuentro entre una joven vampiresa y su reciente compañero de clase. La revelación de la naturaleza vampírica de la primera y los rasgos especiales de la sangre del segundo provocan el inicio de una relación de amistad y amor en la que las dificultades vitales, los problemas familiares y los obstáculos relacionados con las diferencias entre ambas especies toman el protagonismo. Estas cuestiones son abordadas desde una óptica tanto dramática como cómica, aunque priorizando una relación, de alegrías y penas, más equilibrada que la mostrada por otros romances shōnen de su época. Si bien esta particularidad es más prominente en el manga, ya que el anime prefiere incidir en el humor —aunque sin erotismo de por medio—.

Antes de entrar en materia, sin embargo, es indispensable hablar de la pareja protagonista: Karin Maaka y Kenta Usui. Mientras en otras love comedies la narración se centra más en la parte masculina aquí Maaka mantiene una mayor posesión del rol protagonista, dando prioridad a su punto de vista y accediendo a sus pensamientos con mayor facilidad. Si bien en ningún caso dejamos de lado lo que piensa y siente Usui, ya que el protagonismo está bien repartido. Hablando de Maaka, estamos ante una vampiresa peculiar que se caracteriza por su vergüenza, su torpeza y, sobre todo, por su condición anormal. A pesar de ello, Maaka solo ansía tener la vida de una chica normal. En el lado masculino se encuentra Usui, quien es un estudiante brillante y un empleado diligente cuya meta principal es convertirse en un ciudadano respetable y vivir una vida sin preocupaciones económicas como las que pasan actualmente él y su madre. Como detalle menor, su mirada resulta intimidante para la mayoría. Dicho esto pasemos a lo siguiente.


Como punto de partida, pongamos atención al primer pilar que sustenta ambas versiones de la historia: los problemas diarios. Por lo general, los inconvenientes surgen principalmente por la infelicidad de Usui, quien multiplica indirectamente la cantidad de sangre de Maaka. De ahí el gag de la hemorragia nasal, que en el anime se vuelve un chiste muy reiterativo por su frecuencia episódica. No obstante, la desdicha interna del chico también genera situaciones en las que una sonrojada Maaka trata de evitarlo por medio de disculpas y pretextos estúpidos, tartamudeos varios y huidas constantes. Una actitud esquiva en la que persiste, pero que no le servirá para proteger su vida escolar y familia porque la ausencia de explicaciones por sus huidas hacen que la tristeza de Usui sea mayor, ya que solo intenta saber qué ocurre. Finalmente, este tira y afloja termina una vez Karin se da cuenta de que sería más efectivo colaborar en lograr su felicidad que evadirlo continuamente. El método favorito será el bentō. De hecho, ni la autora ni Karin tienen otra idea alternativa fuera de preparar un almuerzo diario. Vamos, no hay mucho ingenio.

De igual manera, el cambio de enfoque en la actuación de Maaka sirve para generar un acercamiento entre ambos adolescentes, que empiezan a compartir más experiencias en la escuela y el restaurante. Un cambio que no pasa inadvertido a los ojos de sus familiares y compañeros —especialmente la amiga, la madre y el jefe— que se empeñan en emparejarlos y malinterpretar la relación de amistad como un amor de juventud. A estos malentendidos —que intentan aclarar con un “no hay nada entre nosotros”— se suman accidentes idiotas, casualidades de lo más frecuentes y pensamientos fugaces que complican más su existencia. Nada, sin embargo, que llame la atención en términos cómicos debido a que apenas se salen del tópico que todos conocemos. Lo mismo pasa con los problemas con los tienen que lidiar en el anime. Véase ayudar a Karin a estudiar, soportar una sobredosis de tomates o limpiar un charco de sangre. Inconvenientes que más que divertir invitan al tedio del público por su escasa entidad y el limitado ingenio de las situaciones que derivan de ellos.

En general, la adaptación animada está un escalón por debajo de la obra original. Mientras que el dibujo y la ilustración tienen limitaciones de expresión y los diseños de personaje se han quedado anticuados como muchos de su época, la versión de J.C. Staff no aprovecha para nada las posibilidades del medio, siendo una producción del montón cuya única muestra de creatividad está en la introducción con marionetas de la familia Marker. En otras lindes, la animación resulta, por ejemplo, más orgánica en la sucesión de eventos al contrario que el manga. Los flashback están mejor ubicados y las ideas aparecen en un contexto que es más creíble. También aprovecha el tiempo en conceder cámara a personajes secundarios como la hermana y la amiga de Karin. Sin embargo, la narración se vuelve más pausada en su desarrollo por la inclusión de eventos intrascendentales y la repetición de ideas previamente vistas, haciendo de esto una rutina diaria muy monótona cuyas virtudes no constituyen una recompensa suficiente para el espectador.

A los cambios mencionados también se agregó un tercer personaje en discordia, dando lugar a un triángulo amoroso. O eso pensábamos porque Winner Sinclear nunca tuvo la oportunidad de ganarse el corazón de Karin. De partida, la idea resultaba interesante. Hablamos de un cazavampiros de procedencia occidental que, al igual que muchos extranjeros, se caracteriza por ser narcisista y melodramático. Como es obvio, también es un joven apuesto, rubio y de ojos azules que persigue incansablemente a Karin por ser su mujer ideal. Vamos, el estereotipo de extranjero que abunda en el anime. Un elemento conflictivo que resulta, en principio, prometedor porque un cazavampiros que se enamora de su enemigo y padece hematofobia está lleno de potencial. Sin embargo, este rubio tan prometedor cayó en el grupo de personajes cargantes por su presencia invasiva y su comportamiento unidireccional la mayor parte del tiempo. A pesar de que J.C. Staff hizo su trabajo ligándolo a él y su abuelo a la historia de la familia Marker en su conclusión no deja de pesar el hecho de que Winner es inaguantable y que nadie desea verlo aún más implicado en la trama.

Aún con este estorbo, la relación entre Maaka y Usui prospera románticamente con el tiempo gracias a las numerosas vivencias que experimentan juntos. Algunas del día a día, otras más extraordinarias. Con todo, lo más importante está relacionado con el apoyo y la preocupación que ambos reciben del otro y expresan hacia el afectado respectivamente. Por ejemplo, Karin pregunta por la situación laboral de su madre y Usui por su estado sanguíneo. Pero suelen ir más lejos al punto de implicarse en los asuntos familiares o propios ante el sufrimiento del que son testigos. Véase la participación de Karin en el regreso del padre de Usui. Si bien como siempre, la evolución amorosa se desarrolla lentamente, con los personajes teniendo problemas para expresar sus vergonzosos sentimientos. Van poco a poco. Que si tomarse la mano, que si hacer algo de chocolate en San Valentín, que si hacerse regalos mutuamente, etc. Muy tiernos ellos. Ya sabemos que la experiencia del adolescente promedio japonés en el amor es nula y van contando los pasos. Igualmente, esta pareja no alcanza los niveles de espesor que exhiben otros enamorados así que hay que felicitarla.

En este viaje, sin embargo, hay que resaltar los obstáculos derivados de la condición sobrenatural de Karin y su noviazgo con un ser humano como Usui. La relación entre ambas especies es una de las cuestiones de carácter principal sobre las que giran ambas versiones desde el principio, aunque toma mayor relevancia a partir del amorío entre los protagonistas. La autora plantea diversas cuestiones que diferencian a unos y otros y explican las razones por las cuales no pueden convivir. Los personajes reflexionan sobre el hecho de que los vampiros viven más tiempo, de que necesitan alimentarse de sangre humana, de que unos hacen su vida de día y los otros de noche, de que su supervivencia pende de un hilo cuando depositan todas sus esperanzas en un ser humano y de la esterilidad de los hijos que engendran. Inconvenientes que evidencian las contrariedades de tal convivencia y vuelven más trágico el asunto.

Lamentablemente, la fuerza del amor residente en Usui disipará cualquier posible duda. O mejor dicho: ni siquiera le dará vueltas. Viva el idealismo del mundo moderno. ¿Para qué conflictos si nos amamos hasta la médula? En realidad, esta visión idealista y engañosa de cómo los problemas se resuelven mágicamente se podría trasladar a la conclusión de los problemas que surgen en cada nuevo arco. Si me quejaba de que en la serie estas trabas eran de escasa entidad, aquí las que no se llegan a adaptar tienden a ser un mal susto que nunca alcanza a tener verdaderos efectos negativos. El mejor ejemplo es la conclusión, que acaba con Karin volviéndose prácticamente humana pese a que se insistía en que tendrían que pasar por los escollos mencionados en el apartado anterior. Igualmente, en su defensa, puedo decir que hubo una contrapartida muy dolorosa con la privación de su familia. No puedo decir exactamente lo mismo de la idiotez del anime, de que el hechizo para convertir a Karin en vampiro era, en realidad, para aumentar la talla de pecho.

Una última cuestión a abordar es, por supuesto, la familiar. Karin constituye una nota más que discordante en un universo de comedias románticas que rechazan incluir a los padres u otorgarles cualquier relevancia narrativa. Aquí ambas ramas familiares son indispensables para el desarrollo del relato. Por una parte, la familia Marker constituye un grupo variopinto de padres, hermanos y abuelos: el padre sobreprotector, la madre con carácter, el hermano mujeriego, la hermana reservada y la abuela afectuosa. Aunque casi todos traten a Karin como si fuera el patito feo de la familia, darían todo lo que tienen por asegurar su felicidad y seguridad. De ejemplo está la hermana menor, quien arriesga su salud para mantener un ojo sobre ella en todo momento. Sin duda, el lazo entre ella y su familia potencia el mensaje de la importancia que la familia tiene para la crianza de los hijos hasta que se vuelven adultos.

De otro lado, se encuentra el núcleo familiar compuesto por la madre soltera y su hijo. Ambos sobreviven a duras penas debido a su pésima situación económica. Como tuvieron que abandonar el hogar materno, los dos buscan un trabajo nuevo. De ahí que Usui dedique su tiempo libre a trabajos a tiempo parcial. En cambio, la madre tiene dificultades para hallar un empleo por el acoso sexual al que le someten sus jefes. Un tema que, por supuesto, finaliza siendo un chiste basado en el encanto que ejerce sobre los hombres inintencionadamente y ninguna crítica hacia el acoso masculino —hasta resulta incómodo que sea reiterado sabiendo que su estado de ánimo y su estabilidad económica están en juego—. Sin embargo, lo que me interesa destacar es cómo madre e hijo se preocupan tanto el uno del otro, buscando una vida digna en la que no les falte de nada. La aparición del padre, por otro lado, permitió ahondar más en las razones que les hicieron abandonar el anterior hogar y explorar los sentimientos de Usui respecto a su familia restante.

En conclusión, Karin es una comedia romántica con un planteamiento especialmente divertido, pero al que no le saca en múltiples ocasiones todo su jugo por culpa del ingenio limitado de la autora y los tópicos a los que acuden los responsables del anime. El desarrollo del romance puede resultar un tanto insatisfactorio, ya que las soluciones a las que no siempre son positivas o creíbles, aunque por lo menos la relación entre Karin y Usui se forja en la dirección apropiada. Tal vez lo más positivo que extraigo es la importancia de la familia, sobre todo el apoyo que le proporciona los familiares vampiros a Karin con el fin de que esta sea feliz.

Calificación: 6 (manga) / 5 (anime)

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