Historia de la animación japonesa (1961-1970)

Desde finales de los 50, Toei obtuvo el monopolio del negocio de la animación porque fabricar largometrajes era muy costoso para sus rivales. Si bien sus beneficios no eran tan elevados por falta de mayor proyección a nivel internacional, Toei estrenaba un nuevo largometraje anualmente. El estilo de las películas se inspiraba en el fijado por Walt Disney: relatos basados en cuentos populares ―en un primer momento más orientados a Asia y, sobre todo, a Japón― donde la música ocupa un lugar importante y los protagonistas son acompañados por una serie de animales capaces de ganarse a los más jóvenes. Entre los mejores títulos de Toei se encuentran El pequeño príncipe y el dragón de ocho cabezas (1963), cinta que instauró la figura del director de animación y supuso una ruptura en su planteamiento artístico; y Horus: El príncipe del Sol (1968), obra dirigida por Isao Takahata que desafortunadamente fue un fiasco comercial pese a sus novedades. Tampoco debemos olvidar a El gato con botas (1969), película que vendió tantas entradas en Japón que Toei adoptó por agradecimiento al personaje gatuno a su logo corporativo. Desafortunadamente, la reina indiscutible de los largometrajes sufrió un bajón considerable en la calidad de sus filmes desde inicios de la década de 1970. Aunque Toei carecía de competidores reales en el mercado cinematográfico, ante la preferencia de sus rivales por explotar franquicias televisivas, la pequeña pantalla se impuso frente a la gran pantalla. En consecuencia, las adaptaciones literarias y folclóricas continuaron pero sin la misma relevancia hasta que Toei empezó a competir de tú a tú con otros estudios como Sanrio (La leyenda de Sirius, 1981) y Madhouse (Genma Taisen, 1983) desde finales de los 70.

No obstante, estamos adelantándonos en el tiempo. A finales de la década de 1950, entró en la industria uno de los personajes más importantes de su historia temprana: Osamu Tezuka. Tras estrenarse El Joven Sasuke Sarutobi (1959), Toei pidió al gran artista adaptar su manga La leyenda de Son Goku. No tardaría mucho en aceptar porque el dibujante estaba interesado en la animación. Como supervisor del proyecto, aprendió todo sobre el funcionamiento del estudio y la adaptación apareció en cines con el nombre de Alakazam, el grande (1960). El problema es que Tezuka no estuvo conforme con los resultados, en especial por las libertades que se tomó el estudio, por lo que decidió abrir su propia empresa de animación en 1961: Mushi Production. 

El artista empezó a reunir jóvenes talentos y juntos produjeron su primera obra: Tales of the Street Corner (1962). Sin embargo, todos se dieron cuenta de que necesitaban algo más atractivo para vencer al gigante de Toei. La respuesta fue la adaptación de Astroboy (1963), uno de sus mangas más famosos. El proyecto fue presentado a la cadena Fuji Television y aceptado inmediatamente. Entre las razones de su aceptación estaba su bajo presupuesto, de apenas 500.000 yenes. Con el propósito de reducir tiempos y costes de producción, Tezuka concibió una 'nueva técnica': la animación limitada. Se trata de un recurso que acorta el movimiento de personajes y objetos, reduciendo el número de fotogramas intermedios usados a 8 fotogramas por segundo (animación en “treses”). Además, el método incluía la reutilización de ciclos animados y el uso frecuente de recursos cinematográficos como los movimientos de cámara (zoom, travelling, ...). Esta forma de proceder recuerda a la aplicada por el estudio norteamericano Hanna-Barbera, aunque con grandes diferencias a la hora de conjugar el lenguaje animado.

El éxito de Astroboy (1963) fue inmediato: nada más y nada menos que un 40% de cuota de pantalla durante la emisión de la serie. Con el dinero derivado del merchadising y la obtención de los derechos de emisión por parte de la NBC, lograron costear los gastos y aumentar el número de trabajadores. Siguiendo la estrategia del formato televisivo de series, adaptaron muchos de los mangas que formaban parte de la biblioteca interminable de Tezuka: The Amazing 3 (1965), Kimba, the White Lion (la primer serie animada en color, 1966), The Princess Knight (1966), etc. Este triunfo llamó la atención de otros competidores como Toei y Tatsunoko Production, que vieron en la televisión la existencia de un mercado emergente y pocos meses después de la emisión de Astroboy se unieron al reparto del pastel. 

En este contexto, Mushi y estos estudios se dieron cuenta del valor del manga como fuente de ideas e historias exitosas. Grandes revistas de manga como la Shūkan Shōnen Sunday y la Shūkan Shōnen Magazine, surgidas simultáneamente en 1959, adquieren, por tanto, mucha importancia. El formato semanal con el que redactaban los mangas también cuadraba perfectamente con el televisivo. De esta forma, ambos medios desarrollaron una relación simbiótica donde las obras populares eran adaptadas a animación y estas, a su vez, servían de medio publicitario para el manga al aumentar sus ventas. Entre los mangas adaptados uno de los más destacados fue Tetsujin 28-go (1963) del autor Mitsuteru Yokoyama, que tuvo gran aceptación y se convirtió en el precursor del género mecha en el anime.

Astroboy y Tetsujin 28-go influirían rápidamente en el medio, ya que un número relevante de anime apostaron por planteamientos de ciencia ficción donde el protagonista era algún tipo de androide, detective o joven con poderes especiales luchando por el bien. Desde Eightman (1963) hasta Cyborg 009 (1968). Una tendencia a la que se unieron otras como las comedias familiares, que satirizaban la sociedad japonesa desde el hogar o la escuela. Algunas de ellas como Osomatsu-kun (1966), fueron reprendidas desde las asociaciones de padres y madres. Otras, en cambio, gozaron de mayor aceptación como Obake no Q-tarou (1965), adaptación de un manga realizado por el dúo Fujio Fujiko; y Sazae-san (1969), que disfruta de una vida interminable (8000 eps y sumando) gracias a su crítica humorística de la sociedad de posguerra.

En el ámbito televisivo, Toei también jugó bien sus cartas al no prestar tanta atención al público masculino y dar prioridad a los deseos de las pequeñas de la casa. Por esa razón, adaptan otro manga de Mitsuteru Yokoyama: Sally, la bruja (1966). La longeva obra inspirada en la serie norteamericana Bewitched fue el primer magical girl y uno de los primeros shōjo, es decir, orientado a un público femenino. Su éxito le otorgó una larga vida de 109 episodios, siendo continuada por otros magical girl realizados por Toei como Himitsu no Akko-chan (1969). Finalmente, Toei termina la década con otro acierto: Gegege no Kitarō (1968), de Shigeru Mizuki. El anime nos sumergía en el mundo sobrenatural de los yōkai, es decir, criaturas fantásticas del folclore japonés. La serie en cuestión, que mezcla humor y terror, es importante porque esta recibirá multitud de adaptaciones a lo largo del tiempo, estrenándose la última en 2018.

-Primera mitad del siglo XX
-Años 70
-Años 80
-Años 90

Bibliografía

1. Monografías

-Fernández García, Bárbara (2020). Los secretos de las Magical Girls. Lo que no sabías sobre Sakura, Sailor Moon y otras heroínas mágicas. Sevilla: Ediciones Héroes de Papel.
-Heredia Pitarch, David (2018). Anime! Anime! 100 años de animación japonesa. Madrid: Diábolo Ediciones.
-Manuel Corral, Juan. (2016). Hayao Mizaki e Isao Takahata: Vida y obra de los cerebros de Studio Ghibli. Palma de Mallorca: Dolmen Editorial.
-Pinon, Matthieu; Bunel, Philippe (2023). Un siglo de animación japonesa. Sevilla: Héroes de Papel.

2. Páginas web

-Filmaffinity. Disponible en: https://www.filmaffinity.com/es/main.html
-Letterboxd. Disponible en: https://letterboxd.com/
-MyAnimeList. Disponible en: https://myanimelist.net/

3. Otros

-García Mariño, I. (2019): Papel y representación de la mujer en el anime de los años 90. Trabajo de Fin de Grado inédito, Universidad de la Coruña, Ferrol
-Horno López, A. (2014): El arte de la animación selectiva en las series de anime contemporáneas. Con A de Animación, 4, 84-97.

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