Hace medio año publiqué una entrada sobre los inconvenientes que rodean la nueva serie de Dragon Ball estrenada en el año 2015. Pues bien, hoy quiero hacer algo similar, pero hablando de algunos de los problemas que arrastra la franquicia Fate desde su fundación. En esta ocasión, la razón que me impulsa a hacerlo es el hecho de que existe una especie de ceguera entre sus fans que les impide ver con claridad sus numerosos defectos. Hasta cierto punto es normal obviar los puntos negativos que detenta una obra o un conjunto de productos del mismo universo por razón de que nos gusta parte de lo que ofrecen. Sin embargo, no podemos hacernos los locos o quitarle importancia a lo negativo. Lo más idóneo sería coger distancia respecto al objeto y mirarlo desde fuera. Más de uno se sorprendería con el descubrimiento.

No obstante, la franquicia no es un cúmulo de estupideces tal como afirman varios de sus detractores. En realidad, hay que admitir que sus responsables demuestran tener creatividad e ingenio a la hora de ofrecer un nuevo enfoque a las figuras históricas, legendarias y míticas de las que hacen uso. Como ejemplo me podría servir el caso de Iskandar, donde se reinterpreta la personalidad del conquistador y su objetivo de avanzar hacia el este. En vez de ser un joven soberano de enorme ambición lo vemos más como un soñador que avanza hacia el este por cumplir su ideal de ver Oceanus y llegar al fin del mundo. Que, por cierto, esto explicaría la obsesión de Alejandro Magno por continuar esta ruta pese a obtener tierras y riquezas suficientes tras la conquista del Imperio aqueménida.


Lástima que no todo sea igual de maravilloso porque sino no tendría mucho que criticar, pero para no hacerlo muy largo me centraré en una cuestión. Esta constituye un grave problema, tanto que no se le puede tomar en serio y menos si te identificas con un público ajeno a la cultura otaku. Y si eres un historiador o un cinéfilo que aprecia la fidelidad en las adaptaciones históricas es probable que acabes de mal humor. Para resumir, el inconveniente está en la excesiva libertad con la que interpretan todo lo relacionado con las figuras históricas, míticas y legendarias que extraen de las fuentes antiguas y que más tarde emplean en sus obras.

Un mal que, sin embargo, no inventaron sus creadores. Ni siquiera los japoneses. De hecho, este tipo de libertades se hacen desde hace siglos. Sin embargo, actualmente se puede hacer llegar estas nuevas imágenes a un público mayor. Y cabe decir que a pesar de la simpleza del peplum -cine histórico de aventuras popular en los años 60- y del cómic americano en el momento de representar a los militares y soberanos de la Antigüedad y los héroes míticos, creo que nunca llegaron a desvirtuar en exceso su figura. En cambio, los japoneses corrompen ese retrato con sus extravagancias. Y no penséis que solo cometen el delito con los extranjeros sino también con los nacionales. De ejemplo están las múltiples representaciones de Nobunaga en los últimos años. Pero ya basta de navegar sin fijar el rumbo de esta empresa. Vayamos punto por punto.

La apariencia del héroe: un catálogo de bishōjo y bishōnen

Para empezar, la falta de correspondencia entre el personaje elegido (por ejemplo, el Rey Arturo) y su nueva representación (Arturia Pendragon) se halla, en primer lugar, en el retrato físico. Aquí unos le llaman el diseño del personaje y otros su apariencia. Es casi lo mismo. Lo que nos importa es cómo debería ser el aspecto del héroe. En general, lo más lógico sería recurrir a las descripciones, pinturas, dibujos, esculturas y demás sobre el susodicho. Pero también me parece sensato recrearlo desde cero, sin acudir a este tipo de fuentes, basándote en aquellos rasgos que lo definen. Por ejemplo, Heracles es un héroe que todos conocen por su fuerza, por lo que es natural diseñarlo como un portento físico. Si bien a más de uno se le olvida que su astucia e ingenio le ayudaron tanto o más que su fuerza a la hora de completar los doce trabajos.

Dentro de la franquicia Fate no ignoran este criterio, pero le prestan más atención a las preferencias de su público formado por otakus. Al igual que cualquier persona razonable entiendo que tengas que hacer rentable tu producto, pero lo que no puedes hacer es poner por encima el beneficio económico sobre todo lo demás. Aquí ocurre exactamente esto y, en consecuencia, la apariencia del personaje es corrompida. De ahí que la Medusa de Fate en vez de ser una mujer de cabellos monstruosos sea una mujer atractiva con tendencias bondage. O que Avicebron, el poeta andalusí del siglo XI, en vez de tener una apariencia más similar a un erudito judío de la época parezca Alhanalem de Final Fantasy Crystal Chronicles. Y entiendo parcialmente que en este último caso le taparan el rostro debido a que le dotaron de una personalidad cerrada, pero sus ropajes carecen de relación con el personaje.

Aquí podemos ver a los héroes. Perdón quise decir heroínas

Lo peor, sin embargo, está en la femenización y fetichización de muchos héroes masculinos. Como ejemplo tenemos a la línea de Saber rubias como Arturo, Mordred, Nerón, Chevalier d'Eon, etc. Los individuos nombrados acabaron convertidos en bellas mujeres de rubios cabellos por razón de algún tipo de gimnasia mental. Explicaciones que no convencen a nadie, con excepción de aquellos que no conservan el sentido común o llevan demasiado tiempo inmersos en la franquicia. A veces, también optan por decir que un espíritu heroico tomó el cuerpo de otra persona y por eso ahora su apariencia es la de una fémina potente y despampanante. Como ejemplo está Juana de Arco, que también parece una Saber, aunque de larga cabellera y con un busto enorme.

¡Qué casualidad que siempre cogen el cuerpo de una tía de buen ver! Espero que nadie utilice como argumento que hay pocas mujeres relevantes en la historia. Si bien esta aclaración es cierta no excusa que haya que denigrar a figuras históricas y héroes pasados solo para cumplir con los fetiches de una panda de otakus. Y tampoco es como si hubieran terminado con todas las figuras femeninas que hay disponibles. Pero lo de hacer waifus es solo una parte. Como poseen también un público femenino les cumplen el capricho de crear unos cuantos husbandos. No por nada verás a muchos pretty boys, que van desde el desafortunado Cú Chulainn, pasando por el apuesto Chiron, hasta la versión masculina del Rey Arturo. En general, dudo que haya más de un 25% de personajes dentro de la franquicia cuya representación sea acertada.

Una reinterpretación radical del personaje

Si algo a veces puedo alabar de los novelistas y guionistas como Takashi Takeuchi, Kinoko Nasu o Gen Urobuchi es que tienen inventiva para crear personajes con una personalidad, objetivos, poderes, trasfondo y otros elementos que resultan interesantes. Pero parte de su creatividad se pierde por culpa de errores como lo anteriormente comentado sobre su apariencia y, por supuesto, por no apegarse un poco más al relato original. No me importa que tomen una figura histórica y opten por enfocarla de una manera distinta a lo que han hecho otros autores. Por ejemplo, volvamos con Avicebron. En vez de centrarse en su faceta poética tomaron interés por la leyenda del creador de golems. Otra opción es cambiar detalles de un personaje, pero siempre sin perder de vista al referente porque sino el personaje resultante no tendrá nada que ver con él.

Un ejemplo positivo, a pesar de algunos errores básicos, fue el caso que ya expuse de Iskandar acerca de su transformación en soñador y su meta. Otros ejemplos notables son Diarmuid Ua Duibhne, el héroe de la mitología irlandesa al que añaden mayor tragedia al ser incapaz de cumplir con su anhelo de ser aceptado por su señor, o Medea, la bruja de la mitología griega de la que se ofrece una visión distinta en vez de ser una malvada traidora. En el mismo lado también encontramos personajes como Hassan-i Sabbah o Vlad Tepes, que si bien no tuvieron tiempo suficiente en pantalla fueron representados con acierto. En particular, me gustaba la dualidad del príncipe de Valaquia respecto a las dos historias que hay sobre él.

Espartaco, alias el masoquista

En cambio, las ideas detrás de personajes como Astolfo, Espartaco, Jeanne d'Arc, Heracles, Jack the Ripper, etc son mucho más cuestionables. De por sí la mayoría sufren el problema de que no tienen una presentación adecuada, sea porque son más femeninas o más monstruosos de lo que deberían. Por poner un ejemplo hablemos de Espartaco. En vez de ser el esclavo astuto y noble que lideró la mayor rebelión contra Roma, aquí aparece retratado como una especie de masoquista que disfruta del dolor y solo sabe decir "opresores". Incluso llega a ir en contra  de su propio ideal en Fate/Apocrypha (2017). Otro ejemplo sería Astolfo. Este paladín de Carlomagno pasa de ser un aventurero con cierto toque de comicidad a un trap con personalidad más propia de personaje de anime escolar que de un héroe.

El último al que me referiré será Jack the Ripper. En sí, la idea detrás del personaje no está nada mal porque es tremendamente trágica y oscura. Podría resumirlo en que es la encarnación del resentimiento de aquellos hijos de prostitutas que fueron abortados y esta entidad tomó forma para vengarse de los que les repudiaron. ¿Cuál es el problema? Que, en primer lugar, debería dársele otro nombre porque la relación con el asesino que todos conocemos es muy débil. En segunda instancia, y más importante, porque carece de una presentación apropiada. En vez de representarlo como un ser nauseabundo que genera asco y lástima a la vez lo que tenemos es una loli sexualizada casi desnuda. Con lo que este genial trasfondo se va a la basura por culpa de carecer de una presentación oscura y querer complacer a unos cuantos fetichistas de las lolis.

En fin, creo que ya me ha parado lo suficiente en aquellos puntos que deseaba tocar. Tal vez me haya equivocado al hablar de algún personaje y por eso pide que se me corrija si es el caso. Sin embargo, creo que hablo con suficiente conocimiento de causa acerca de los problemas que pueblan Fate y, por tanto, lo fundamental está bien. Sin más que decir me despido de vosotros, queridos lectores.