Sinopsis
En un lugar remoto del Japón feudal, una joven patosa que carga una gran caja a sus espaldas se encuentra buscando a un ninja legendario. La muchacha en cuestión es Rangiku Ayawatari, única superviviente del clan Ayawatari. Su propósito es vengarse de Sadayoshi Karimata, un señor feudal que masacró a su familia y robó los secretos de la colección de marionetas de su padre. En su ardua búsqueda, Rangiku se topa con Yasuburou Manajiri, un vagabundo que es perseguido por un grupo de guerreros inmortales. Aquí Rangiku se deshace de los enemigos gracias a su marioneta principal, Taromaru, y la distracción creada por Manajiri. Este hombre no es alguien común, por lo que Rangiku quiere contratar sus servicios para atacar el castillo de Karimata. ¿Logrará su cometido y sanar las heridas de su oscuro pasado?
Trama y Desarrollo
Kazuhiro Fujita es un mangaka que logró hacerse un lugar en la revista semanal de manga de la editorial Shōgakukan: Shūkan Shōnen Sunday. La revista se hizo muy famosa gracias a las contribuciones de titanes como Rumiko Takahashi y Mitsuru Adachi. A diferencia de ellos, el joven mangaka se hizo un nombre en el ámbito de la acción. Su primer título superventas en este sentido fue Ushio to Tora (1990-1996), un manga de 33 tomos que fue adaptado pronto a formato OVA. La adaptación fue incompleta, limitándose a trasladar a la pequeña pantalla los primeros tomos del manga. Sin embargo, Ushio to Tora no fue el único trabajo de Fujita que atrajo el interés de los productores. TMS Entertainment, estudio conocido por las franquicias Lupin III y Detective Conan, produjo junto a TOHO y Shogakukan-Shueisha Productions una adaptación de una historia corta integrada en la antología Yoru no Uta (1988-1995): Karakuri no Kimi (Puppet Princess, 1994).
Karakuri no Kimi (2000) es una película de 40 minutos que encaja perfectamente dentro de la corriente ultraviolenta de las últimas dos décadas del siglo XX. Es decir, hablamos de títulos de acción y terror cultivados, sobre todo, en formato OVA. Aquí abunda la acción sangrienta y violenta, con una fuerte presencia de elementos de body horror que derivan de la aparición de monstruos, demonios u otros enemigos que se deleitan en mostrar mutilaciones, reacciones grotescas y mucha sangre. No obstante, el mediometraje en cuestión se puede inscribir en un nicho aún más reducido del género por su escenario: el Japón feudal. Muchas ficciones tienen lugar en el período Muromachi (1336-1573), el período Azuchi-Momoyama (1573-1603) y el período Edo (1603-1807). A pesar de que existen otras etapas históricas, el público siente una mayor predilección por este intervalo de tiempo por la aparición de ninjas, samuráis, monjes budistas, geishas y otros personajes que se han convertido en parte primordial del imaginario popular. Ejemplos de ello en el ámbito del anime son Sengoku Kitan Youtouden (1987-1988), Youma (1989), Juubee Ninpuuchou (1993) o Makai Tenshou (1998).
Hirotoshi Takaya, el director del título OVA, tuvo un desempeño notable al materializar los aspectos del párrafo anterior. El punto de partida, el manga, fue trasladado fielmente por el guionista Junichi Miyashita, ampliando únicamente un poco la batalla final contra el señor feudal. No obstante, sus virtudes fueron reforzadas gracias al trabajo de animación de Takaya, quien también fue el diseñador de personajes y el director de animación (en colaboración con Tsutomu Suzuki). Sus personajes sobresalen por sus rostros detallados, sobre todo al expresar emociones extremas de miedo, locura o dolor. Por lo general, los ojos se vuelven alargados y las pupilas se dilatan; los músculos faciales hacen surgir pliegues, arrugas y líneas que causan la impresión de que el rostro se desfigura; sus sonrisas amplias e inquietantes muestran todos los dientes de su boca; y, en primeros planos, las líneas de contorno se definen por su grosor. Las marionetas, en cambio, al tener rostros inexpresivos llaman más la atención por las poses y formas inhumanas que adopta su cuerpo, como si fueran arañas o algún tipo de monstruo.
La acción carece de la violencia alcanzada por títulos más atrevidos, ya que las marionetas no tienen vísceras o sangre que exprimir. De hecho, el mayor horror aparece en los flashback de la heredera del clan Ayawatari. No obstante, la acción predomina a lo largo de sus 40 minutos y sus secuencias de animación detentan una calidad considerable en términos de dinamismo e inventiva. Por lo general, involucran a multitudes de marionetas y guerreros que destacan por la animación de personajes y los efectos de humo. Uno de los animadores que más demuestra su talento en esta producción es Hirotoshi Takaya, quien estuvo a cargo de parte de la batalla contra Sadayoshi Karimata. La dirección artística de Kazuhiro Arai tal vez no es impactante, pero el paisaje al atardecer representado en el ataque al castillo demuestra su veteranía. Por último, el estilo de Kaoru Wada le queda como un guante a Karakuri no Kimi. El compositor es bien conocido por su estilo orquestal, sus temas musicales de carácter épico y la influencia de la música tradicional japonesa, por lo que es el ideal para una ficción histórica centrada en Japón.
Desde una óptica narrativa, la cuestión central sobre la que reflexiona Karakuri no Kimi es el concepto de marioneta. En un sentido literal, un títere es un objeto de forma humana o animal hecho de tela o madera que mueve una persona a través de hilos o varillas para hacerle bailar, caminar, hablar, etc. Las marionetas de la película consisten principalmente en un ejército de títeres a las órdenes de Sadayoshi Karimata y las marionetas que la princesa pudo recuperar de la colección de su padre. Estos títeres fueron fabricados por el cabeza del clan Ayawatari a partir de documentos chinos y relojes procedentes de España y Portugal, dando lugar a títeres especiales definidos por sus capacidades sobrenaturales.
Lo que nos importa, empero, es el sentido metafórico del término marioneta. Con esta palabra nos referimos a aquellas personas que son manejadas o influenciadas por otros, que no tienen control real sobre sus acciones o decisiones. Alguien así no es plenamente autónomo como es el caso de nuestra heroína, Rangiku Ayawatari. El origen se encuentra en la relación que tenía con su fallecido padre, quien priorizaba su colección de marionetas por encima de la familia. Esta inclinación le impulsó a usar la piel de su propia hija para fabricar los hilos de su obra maestra, una marioneta viviente. Su padre únicamente le prestaba atención cuando exhibía su destreza como titiritera, lo cual la hacía feliz. En cierto sentido, su odio se dirigía a los títeres en lugar del horrible padre que tenía. Por esa razón, su verdadero deseo era destruir todas las marionetas de su padre (incluidas las propias) como venganza por despojarle del cariño de la persona que más quería. Sin embargo, Rangiku se deshace de esta dependencia emocional y, con la ayuda de Katoh, vence al señor feudal por sí misma. Una situación que curiosamente contrasta con el villano, convertido en “marioneta” al ser esclavizado por su sed de poder.
Rangiku Ayawatari no es la única a tener en cuenta. Yasaburou Manajiri es el deuteragonista, formando un dúo de noble y vasallo que inicialmente se define por una dinámica humorística donde Rangiku siempre se equivoca al decir su apellido (aunque sin tanta gracia como Mayoi Hachikuji) o cometer otro tipo de torpezas (el gag de la caja inclinándose con la reverencia es muy divertido) que ponen de los nervios al hombre. Lo fundamental, sin embargo, es su arco de personaje. Katoh, el cometa veloz, es un maestro hechicero que se hizo famoso gracias a la habilidad de crear ilusiones, pero este poder provocó que los señores feudales le temieran. En consecuencia, fingió su muerte y creó una nueva identidad: Yasaburou Manajiri. El problema es que Manajiri ya no se siente dispuesto a confiar su vida en un contratante, por lo que tiene dudas respecto a aceptar el peligroso trabajo de Rangiku. De ahí que tuviera la cuestionable idea de asustarla al bañarse en la cascada, pero ella no teme al ninja. La confesión de la noble respecto a los sentimientos por su padre y las marionetas, sin embargo, no parece enlazar bien con la plena lealtad surgida en el ninja al escucharla.
En conclusión, Karakuri no Kimi es una película de acción y terror que pasa desapercibida en las discusiones online de ese tipo de obras tan abundantes en el formato OVA. La adaptación del predecesor de Karakuri Circus (1997-2006) está lejos de ser tan extrema como otras de su categoría, pero el desempeño es más que notable gracias a una historia rica en secuencias de acción (protagonizadas por títeres sobrenaturales) y momentos espeluznantes procedentes del oscuro pasado de Rangiku y las acciones del señor feudal. Estos factores son apoyados, sobre todo, por la gran labor de Hirotoshi Takaya, director de animación y diseñador de personajes; y Kaoru Wada, compositor musical. No obstante, la película va más allá de la superficialidad que caracteriza al tercer medio mediante su exploración del concepto de “marioneta” a través de los personajes principales de este relato. Sin lugar a dudas, no podría afirmar que Karakuri no Kimi sea sobresaliente en ningún aspecto, pero es un título que presenta un equilibrio entre contenido y forma.
Calificación: 7



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