• Año: 2015-2018
  • Capítulos: 26
  • Estudio: Madhouse
  • Género: Acción, Aventura, Comedia, Fantasía, Videojuegos

Jugando sin riesgos

Sinopsis

Durante más de diez años, Yggdrasil ha sido uno de los juegos online más populares. Nuestro protagonista, apodado Momonga en este juego, pertenece a uno de los clanes más poderosos. Para su desgracia, el juego será cerrado y él se siente entristecido por ello. Por eso, el último día decide quedarse dentro hasta que cierren los servidores. No obstante, algo extraño ocurre y Momonga termina encerrado dentro del juego. En esa situación decide contar con sus antiguos subordinados y con su poder para explorar el nuevo mundo que se alza delante. Ahora no está en Yggdrasil sino en una nueva realidad donde los NPC se comportan como personas y nuevas tierras y reinos esperan ser descubiertos por su mano.

Trama y Desarrollo

Al igual que muchas otras personas, hace unos 2 años fui un testigo más de la primera temporada de Overlord (2015). Esta adaptación animada realizada por Madhouse da vida a las novelas ligeras de Kugane Maruyama, publicadas desde 2012 y sin fecha aparente de finalización. Mi impresión, la primera vez que lo vi, osciló entre la indiferencia y un ligero entretenimiento, aunque la primera opción tendía a ganar el pulso. En cualquier caso, me decanté por acometer un rewatch porque había prometido hacerle una reseña. Una promesa que uno duda de su importancia, pero el trabajo del crítico es ingrato cuando no ejerces de panegirista con algunos títulos.

El planteamiento de Overlord es una muestra de los habituales giros de tuerca y novedades que abundan en el género isekai o el grupo más amplio de los JRPG Fantasy: nuestro «héroe» es un NoMuerto, que en vez de compañeros con los que viajar en una nueva aventura para salvar el mundo, tiene un ejército de súbditos sobre los cuales ejerce su soberanía y que esperan conquistar el mundo en que se encuentran. Sin duda, este cambio es bienvenido porque, en teoría, nos encontramos ante un grupo de villanos que espera satisfacer los egoístas deseos de su monarca y, por tanto, podemos esperar un trazado distinto en la aventura en relación a sus metas, acciones y relaciones personales.

Este concepto, sin embargo, solo se materializa parcialmente. Uno de los aspectos que maneja es la relación de Ainz Ooal Gown con sus leales servidores (de magníficos diseños, por cierto) que viven por y para él. Esta relación cambia el teórico status de igualdad que suele haber entre aliados en este tipo de aventuras por una jerarquía entre rey y súbditos que para algunos resultará más fresca. En cualquier caso, su relación posee una vocación humorística: sus inferiores tienen una opinión tan elevada de su propio amo que están constantemente alabándolo y malinterpretando cada una de sus acciones como si estuvieran tratando con un ser superior de rango divino. Estas declaraciones, repletas de entusiasmo y plena admiración, generan mucha presión en Ainz, expresándolo en más de un monólogo interior. De cualquier forma el esqueleto intenta esforzarse en ser un líder capaz de satisfacer sus expectativas. 


A pesar de ello, la dinámica pronto muestra limitaciones porque la diversidad de opiniones de los subordinados de Ainz es muy reducida. Aunque, por ejemplo, Demiurge es alguien definido por su eficiencia y Cocytus por el honor; todos acaban por reproducir comportamientos similares ante el soberano. Un hecho potenciado por su falta de autonomía individual, ya que la divergencia que pueda existir siempre estará subordinada a las órdenes de un amo infalible. Es verdad que Ainz les deja cierto margen de libertad mientras sus acciones beneficien a la Tumba de Nazarick, observando resistencias con Cocytus y Sebas sobre los lagartos y Tuare respectivamente. Estas discrepancias, sin embargo, no amenazan la jerarquía actual. La situación es especialmente desagradable con Albedo y Shalltear, que por configuración son meros objetos sexuales peleados entre ellas para determinar quien es la favorita. La posibilidad de penetrar en ellos a un nivel más personal también es reducida, aunque en la segunda temporada con Sebas hay un empujón en dicha dirección. En este aspecto, algunos humanos como Brain y Climb parecen ser más fecundos en arcos de personaje por el impacto que tiene la actividad de Ainz en sus vidas. Tristemente, este mismo hecho, sumado a su escaso carisma, causa que se vean ensombrecidos por Ainz y los suyos. Al fin y al cabo, ellos son el centro de atención de todas las miradas.

Frente a este universo desconocido, los planes de Ainz no encuentran una definición exacta en esta temporada, pero su interés inmediato pasa por adquirir toda la información posible para saber qué amenazas habitan en él, cuánto ha cambiado respecto a Yggdrasil y si aún quedan jugadores. Aquí Overlord podría darnos a conocer el antiguo Yggdrasil para disfrutar la experiencia de "reexplorar" este mundo, pero otra vez solo obtenemos un par de comentarios y no hay un referente con el cual nosotros podamos participar de esa vivencia. Y si bien el protagonista entra en el modelo de antihéroe al utilizar a los habitantes de este mundo como instrumentos para difundir su nombre y hazañas, así como ganarse su confianza, realmente sus acciones son más heroicas que malignas. Su presencia ha beneficiado a los más débiles al frustrar los planes de la Teocracia Slane y el ritual de Khajiit. Un servidor habría pensado que su rol malvado era papel mojado, pero la segunda temporada sirvió para enmendar parcialmente este problema con sus actos destructivos sobre los Hombres Lagarto y la capital. Más fracasada es su aparente deshumanización. La indiferencia que siente por la violencia y las muertes ajenas chocan con su timidez ante lo sexual o la nostalgia hacia sus antiguos compañeros. A ver, ¿en qué quedamos?

Otra cuestión conectada, aunque habitual en los isekai contemporáneos, es la desigualdad de poder que existe entre los "héroes" y los "villanos". A falta de conocer a los seres más poderosos del mundo, Ainz es de lejos el individuo más fuerte de la serie. No solo por estar a nivel 100 y haber desarrollado al máximo sus habilidades como hechicero sino porque los recursos materiales y humanos con los que cuenta son inmensos y poderosos. Sean su fortaleza, reportorio de objetos mágicos o ejército de servidores fuertes y leales. Sin duda, uno podría afirmar que la tensión, es decir, la existencia de un peligro real que amenace la vida o las metas del personaje principal, es una quimera en estas condiciones. Si hiciéramos una comparación con, por ejemplo, el videojuego Pokémon Rojo Fuego el punto de partida sería empezar con un equipo de 6 Pokémon al nivel 100 con equipo de objetos curativos superior a las 99 unidades en cada ítem. Absurdo, ¿verdad? De hecho, aún cuando Ainz es cauteloso y se autolimita jugando con un perfil de luchador que no es el suyo nada parece cambiar.

En cualquier caso, Overlord transmite conscientemente esta disparidad por medio de sus enfrentamientos con Nigun y Clementine. Tal como señaló Pause and Select, ambas batallas parecen distintas al contener binomios de opuestos: defensa-rescate, noche-día, corto alcance-largo alcance, apoyo mágico (Narberal)- apoyo físico (Albedo), etc. No obstante, la edición y la estructura de ambas peleas es idéntica y comunican que a pesar de las diferencias entre ellas ninguna fue un auténtico desafío para Ainz. ¿Y eso es lo que le (nos) espera? La serie parece afirmar que, en realidad, sí habrá verdaderos retos tras el imprevisto de Shalltear que, por un momento, amenazó la aura de invencibilidad del soberano. ¿Podemos confiarnos? Esta construcción deliberada prometía, pero la segunda temporada no trajo enemigos de mayor talla. Al menos, podemos señalar que ofrece un desfile de técnicas y hechizos que llama la atención del espectador por la calidad de la animación de Madhouse. El resultado podría ser notable, pero no puedo ignorar la contrariedad del CGI, que emplean con mucha alegría para representar a ejércitos de soldados y grupos de monstruos. La integración es nula y el contraste horrible.


No obstante, lo que posiblemente mata a Overlord como producto de entretenimiento —como obra capaz de traer conflictos humanos y aproximaciones temáticas interesantes espero poquito— es la combinación de dos factores cruciales: la exposición y el ritmo. Por una parte, la adaptación de Madhouse comete la misma torpeza que otros isekai como Mondaiji-tachi (2013). Es decir, es incapaz de traducir el contenido novelado a lo que debería ser un lenguaje de imágenes y acciones. A pesar de ser más problemático en los capítulos iniciales, uno comprueba cómo esto se materializa en abundantes monólogos y diálogos que podríamos resumir en el cansino gag de los malentendidos, las constantes disculpas y reverencias, las explicaciones sobre objetos, hechizos y otras cuestiones menores y las reflexiones interiores de Ainz. Esto último más que cautela parece un pretexto para recapitular y señalar ideas que para la mayoría no pasan desapercibidas. Ahora bien, un ejemplo de esta exposición son los capítulos 1 y 2, donde se nos presentan a los súbditos de Ainz. En vez de, poco a poco, ir introduciéndolos pues perdemos el tiempo conociendo un montón de individuos de forma superficial. Por otro lado, el ritmo mata las pasiones. Este enfoque tan pasivo, donde la acción no domina y el montaje está repleto de planos largos, es capaz de adormecer a más de uno. También le podría haber ayudado omitir o abreviar un par de eventos, especialmente contiendas que no conducen a nada sustancial.

En conclusión, Overlord es uno de los primeros títulos importantes del nuevo género isekai que empezaron a surgir a inicios de la presente década y que lograron una adaptación a anime a mediados de la misma. Al igual que otros de su misma categoría, Overlord presenta un planteamiento atractivo para un público que, gran parte de su vida, ha estado jugando videojuegos RPG y disfruta las comedias románticas harem y los títulos repletos de acción. A pesar de todo, la adaptación tropieza como tantas otras en su transición de medio escrito a medio audiovisual al no seleccionar mejor la información y agilizar el ritmo narrativo. También traslada desde la novela la escasa tensión existente ante la posibilidad de que el protagonista falle en su cometido, aunque quizás cambie en próximas temporadas. No obstante, serán otros y no yo los que comprueben el devenir de Overlord.

Calificación: 5